Historias del nitrógeno, el hambre y la guerra (IV)

Poco tardaron los nada fieles capitalistas en olvidar sus abrazos con el guano e iniciar un nuevo romance. Esta vez, la afortunada se llamó salitre, o nitrato de sodio, el cual los químicos habían revelado como un fertilizante excelente. Sin embargo, no tuvieron que mudarse muy lejos para ir a vivir con la nueva novia. Durante siglos, el salitre había sido ignorado en el desierto de Atacama, el más seco del mundo, cuyas inhóspitas extensiones habían servido hasta entonces como colchón amortiguador de los conflictos fronterizos entre Perú, Chile y Bolivia. Como era de esperar, el nuevo tesoro haría desaparecer esa tranquilidad.

La extracción del salitre llegó hasta Antofagasta, por aquel entonces provincia boliviana, pero las minas eran de propiedad chilena. Cuando el gobierno boliviano decidió subir los impuestos a las empresas que operaban en su suelo por encima de lo pactado, Chile movilizó su ejército e inició la Guerra del Pacífico (1879-1883) contra bolivianos y también peruanos. Niños y adultos, exaltados por el nacionalismo y reclutados forzados, lucharon y se mataron los unos a los otros. De forma simultanea, la caída del valor de las salitreras debido a la guerra era aprovechada por empresarios británicos para convertirse en sus dueños a un mínimo coste.

Alrededor de 1925 empezaron a aparecer en España y Portugal estos carteles de baldosas esmaltadas promocionando el Nitrato de Chile, como también es conocido el salitre de ese país. Aún es posible encontrar algún superviviente como éste, fotografiado en Jaén por Felipe Sérvulo (CC by-nc-nd-2.5-es).

Finalizada la guerra, Perú perdió el sur de su territorio y Bolivia perdió Antofagasta, su única salida al mar, en manos de Chile. Sin embargo, Bolivia no supo lo que realmente había perdido hasta principios del siglo XIX. En ese territorio fue descubierta la que durante mucho tiempo fue la mayor mina de cobre del mundo y motor de la economía chilena, Chuquicamata.

Decir que Chile ganó la guerra es una mentira si entendemos Chile como las personas que lo habitan. Sí que lo hicieron unos poquitos de ellos y también otro puñado de ingleses. Por el contrario, muchos más chilenos- y también peruanos, bolivianos o argentinos- tuvieron como recompensa jornadas laborales de 16 horas en medio del desierto y en condiciones de esclavitud. Los mineros eran controlados por una fuerza policial privada y no eran pagados con dinero. Por el contrario, se les asalariaba con unas fichas que sólo tenían valor en los comercios pertenecientes a las mismas compañías salitreras. Cuando en 1907 los trabajadores se unieron y pidieron cobrar en dinero, más seguridad o fundar escuelas nocturnas, la fuerza represora del estado prefirió proteger los beneficios de las empresas inglesas y acribilló a los obreros en su lugar de reunión (una escuela de Iquique), provocando una brutal matanza (se habla desde centenares a más de 3000).

Años antes, José Manuel Balmaceda, presidente de Chile entre 1886 y 1891, había intentado revertir la situación y terminar con el monopolio de las empresas salitreras. La intención era que el pueblo también recibiera algún beneficio de esa extracción. Viendo amenazada su posición de superioridad, los grupos de presión se vistieron, como tan bien saben, con el traje de titiriteros y movieron los hilos oportunos (hilos y sobornos) para enfrentar al congreso contra el presidente. La guerra civil estalló y el pueblo volvió a matarse entre sí, mientras Balmaceda, derrotado, acababa pegándose un tiro.

Película sobre la guerra civil chilena centrada en José Manuel Balmaceda.

Sin embargo, como veremos en la próxima entrada, los dueños de las minas no pudieron hacer nada contra un solo químico alemán.