El día de la Pachamama (y III)

El sol aún está bajo cuando llegan al lugar de dónde sale el agua del arroyo. El padre deja en el suelo el plato con la coa humeante y clava un machete en la tierra. En el mismo punto de cada año, marcado por alguna referencia natural, empiezan lo que a ojos de cualquier profano sería cavar un agujero. En realidad, se está abriendo la boca de la Pachamama.

-¡Miren! -exclama la madre- se terminó todo lo que le dimos el año pasado. Sólo se dejó los huesos.

Hay que tener cuidado con que los perros no se coman lo que es para la Pachamama. Ilustración por Anna Llopis.

Muy poca gente fuma en las comunidades indígenas de la Quebrada de Humahuaca, es un lujo demasiado caro, pero también hay que contentar los vicios de la Madre Tierra. Cada uno de los presentes prende un cigarrillo y lo clava, con el extremo encendido hacia arriba, en la tierra que quedó acumulada al abrir la boca. Alrededor de ella, se decora con unas serpentinas.

Compungidos por el frío, los participantes van pasando de dos en dos arrodillándose frente a la boca, con el rostro encarado hacia el sol naciente. Es en esa posición como realizan las ofrendas. Hay que quitarse el gorro y tocar un par de veces con las dos manos el perímetro de la boca, primero sin cruzar y luego cruzando los brazos.

-Con el permiso de todos -dice la pareja.

-Que sea buena hora -responde el resto.

Algunos dicen unas palabras en honor a la Pacha y otros también en honor a Dios. El sincretismo religioso es muy grande debido a la forzosa cristianización de hace siglos. Entonces, empiezan a llenar el estómago de la Madre Tierra. Un poco de sopa, algo de la bandeja de comida… Hay que tener en cuenta que quede para las otras parejas. Vasos de agua, gaseosa, licor, chicha de maní… Las bebidas las irán preparando los que en ese momento no están realizando la ofrenda, alcanzándolas a la pareja arrodillada. Por último, se ofrecen unas hojas de coca -la hoja sagrada- y unos confetis para decorar, los cuales también se dejan caer sobre las cabezas de ofrendantes.

De dos en dos, los participantes van llenando la boca de la Pachamama.

Los últimos en pasar terminan toda la sopa y la comida. Tampoco debe sobrar nada de la bebida. O bien se bebe o se deja caer al suelo como ofrenda. La pareja que abrió la boca la vuelve a cerrar arrastrando hacia dentro los cigarrillos. Dejan clavada boca-abajo una botella de cristal -en ese momento la Madre Tierra parece una auténtica beoda- y se dejan caer más confetis y serpentinas.

Una vez la ceremonia ya ha sido repetida en los tres lugares especiales elegidos, la familia invita a un gran almuerzo a quien desee compartir con ellos. Se sirven los mismos platos que antes se le dieron a la Pachamama. Es el momento de romper la solemnidad y volver a lo mundano: risas, gritos y más ajetreo. Esa noche, la familia tendrá fácil el conciliar el sueño.

El día de la Pachamama (II)

Son poco más de las seis de la mañana y ya está todo listo. El intenso frío incluso lo es más por el recuerdo de los inusuales 20 grados bajo cero de hace apenas una semana, cuando las cañerías se helaron y hubo que ir arriba y abajo con cubos llenos de agua de la acequia. La familia, los padres y los tres hijos -de 4, 13 y 17 años de edad- han salido de casa para empezar la celebración. Tan sólo falta Lucia*, la hija mayor, que no pudo venir porqué ahora vive en Salta donde estudia en la Universidad. Van todos tan tapados que apenas dejan ver sus ojos.

Aún no han iniciado las ofrendas pero ya están cansados. Sobretodo los padres, quienes no deben pegar ojo la noche anterior al día de la Pachamama. De todas formas no queda mucho tiempo para dormir esa noche, pues hay mucho que cocinarle a la Pacha para que esté bien contenta. Tamales, mote, la chicha etc. También parte de la carne de las dos cabras que fueron sacrificadas hace pocos días, las cuales serán alimento de la familia durante casi todo un año.

La noche ha sido larga cocinando las ofrendas para la Pachamama. Ilustración por Anna Llopis.

Como cada 1 de agosto, repetirán la ceremonia en tres lugares significativos. La primera de ellas tendrá lugar ahí donde nace el agua que llega a la acequia, la cual les da de beber y riega sus campos de conreo. Luego, se hará en el corral donde ya están encerrados los toros que han alquilado para la inminente siembra. Por último, se repetirá en el patio de la casa, el lugar donde viven juntos. Después de realizar las ofrendas en cada lugar, regresaran a casa para buscar más comida y bebida, pues no se debe escatimar para la Pacha y cada vez se termina todo lo que se le lleva.

Por fin se ponen en marcha. Las aguas nacen 1 kilómetro más allá, siguiendo el arroyo que en esta época está casi seco. Hay que salir en fila de uno. El primero, el padre, lleva un plato de metal sujeto por una asa en el cual se quema coa, un yuyo o arbusto de la zona. Atrás van los platos de comida y por último las bebidas. Las normas dicen que una vez se sale ya no se puede regresar pero Máximo, el hijo mayor, parece que se olvidó algo y regresa corriendo sobre sus pasos. Sus padres prefieren no mirar atrás y seguir adelante, ya se sabe que no vale la pena discutir con la juventud.

La familia se dirige hacia el primer lugar elegido para la celebración.

*Los nombres son ficticios y las edades aproximadas por privacidad.

El día de la Pachamama (I)

En las regiones andinas que un día formaron parte del Imperio Inca, es decir, desde Ecuador al norte de Chile y noroeste de Argentina, la madre naturaleza es conocida con el nombre de Pachamama.

Pachamama es una palabra hermosa. Su significado y etimología nos recuerdan que todos formamos parte del mismo lugar y que todos procedemos de lo mismo. En quechua y aymara, Pacha significa Tierra en un sentido amplio que incluye Mundo y Naturaleza. Es el entorno que nos rodea y nos da sustento para la vida. Mama significa madre, como en casi todas las lenguas del mundo, ya que esas son las sílabas más fáciles de pronunciar para cualquier humano que esté aprendiendo a hablar mientras que cualquier madre del mundo está dispuesta a creer que es a ella a quien van dirigidas.

En estos lugares de los Andes, es de suma importancia rendir el culto que se merece a la Pacha. Ella tiene el poder de decidir que un año sea bueno o malo en cosechas y que vaya bien o no con los animales, por lo tanto, de que un año los miembros de una familia puedan llenar sus estómagos o no. Por eso, se la tiene presente cada día pero especialmente en el mes de la siembra, cuando se celebra un día en su homenaje.

Durante el mes de la siembra la Pachamama está más presente que nunca.

Cada casa, cada familia tiene una forma algo distinta de celebrar el día de la Pachamama. Cuando llegó el conquistador español, éste prohibió cualquier forma de manifestación religiosa o espiritual que no fuera la cristiana. Sin embargo, la importancia que se le otorga a la mamita Tierra es tal que su día se siguió celebrando de la forma en que se pudo. A escondidas, debido al miedo a las represalias de los españoles, cada hogar se adaptó como mejor supo. Algunos pasaron a cocinar las ofrendas de comida a la noche, con el propósito que el humo saliendo por la chimenea no se convirtiera en delator. Otros prefirieron cocinar poco y realizar toda la ceremonia de puertas para dentro. Estos cambios, forzosos en un principio, poco a poco fueron convirtiéndose en la tradición, pasando de tatarabuelos a bisabuelos hasta que en la actualidad se han convertido en el ritual “normal” del festejo para cada casa.

En la siguiente entrada, tendremos la suerte de asistir a una de estas celebraciones. Concretamente a la que realiza una familia de una comunidad indígena que reside en la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, dónde el día de la Pachamama es el primero de Agosto. Como hemos visto, ésta contendrá elementos comunes con otras celebraciones del día de la Pacha pero también particularidades concretas de la familia.

Paisaje de la Quebrada de Humahuaca, dónde en la próxima entrada asistiremos a la celebración del día de la Pachamama.