Orgosolo: ahí dónde las paredes hablan (y III)

Algunos murales repasan episodios de la vida política italiana desde el fascismo hasta la actualidad. En uno de ellos, se representan unas caricaturas del ex jefe de gobierno Giulio Andreotti y otros implicados en un conjunto de casos de corrupción. Los personajes repiten una y otra vez lo que dijeron ante el juez: …non mi Ricordi….

Caminar por las calles de Orgosolo es como hacerlo por un pasillo temporal que recorre los acontecimientos más trascendentales que ha vivido la humanidad durante el siglo XX y lo que llevamos de XXI. Así, por ejemplo, se denuncian los bombardeos nucleares por parte del gobierno de EE.UU. sobre Japón en la segunda guerra mundial, el golpe de estado coordinado por la CIA que acabó con el marxismo democrático y la vida de Salvador Allende, las desapariciones durante la dictadura argentina que condujeron hasta la desesperación a las Madres de la Plaza de Mayo, los asesinatos de la dictadura franquista en España o, mediante una reproducción de la genialidad de Picasso, el bombardeo de Guernica. También aparecen los atentados del 11-S, con una inscripción donde dice que los derechos de los pueblos no se consiguen con las barbaries, y la caída de la estatua de Saddam Hussein en Bagdad.

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Un combatiente yace abatido en el suelo con un papel en la mano donde se lee: La Guerra. La tierra para el campesino. En segundo plano, unas armas se alzan en señal de victoria por encima de una colina del campo de batalla. Debajo, una frase de Emilio Lussu -político, escritor y soldado sardo que luchó durante la primera guerra mundial- se lamenta: No por un palmo de lejana frontera hemos arrojado al viento nuestra juventud sino por un mayor ideal de libertad y de justicia. Unas paredes más allá, un grupo de emigrantes, demasiados en número para una embarcación tan precaria, llegan a la tierra prometida. Arriba se lee: Todos somos clandestinos. Muy cerca, acompañando la imagen de unas personas de algún lugar de África olvidado por Occidente, Tolstoi escribe: Son una hipocresía y una impostura todos los planes para atenuar la pobreza de los pobres con la limosna de los ricos.

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Las imágenes antibèlicas son comunes, como el Charlot con indumentaria de soldado que, fusil en el hombro, se pregunta y responde a sí mismo: ¿Otra guerra? No gracias. Uno de los murales más duros es el que imita en forma de fotogramas las imágenes de la muerte del niño palestino de 12 años Mohammed el Dura en brazos de su padre durante un tiroteo en Gaza, las cuales fueron retransmitidas por las televisiones de todo el mundo en septiembre del año 2000.

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En otros tiempos, Orgosolo era conocida como la capital del silencio. Eran los años sesenta, durante el período de máxima actividad de la Anónima Sarda, un conjunto de organizaciones criminales de la isla especializado en secuestros. Revelar cualquier información inadecuada podía significar terminar los días siendo el blanco de un tiroteo en cualquier bar del pueblo. Quizás este silencio quedó impregnado bajo la piel de la gente de Orgosolo. El espectador, situado en el ojo de un huracán artístico y social, ve aparecer y desaparecer a la gente del pueblo que, con la boca cerrada, parece que hayan dejado que sean las paredes las que hablen por ellos.

Orgosolo: ahí dónde las palabras hablan (II)

La actividad muralista en Orgosolo nació en 1968, tiempo en el que Europa respiraba aires de esperanza que emanaban de debajo de los adoquines de las ciudades francesas y cuando en Cerdeña Giangiacomo Feltrinelli, revolucionario italiano, fracasaba en su intento de convertir esta isla en la Cuba del Mediterráneo. Fue entonces cuando el grupo teatral de tendencia anarquista Dionisio de Milán, inauguró el lienzo en blanco de las paredes del pueblo con una pintura en pleno centro histórico. En ella, se ve un mapa de Italia donde en lugar de Cerdeña aparece un interrogante, simbolizando el aislamiento al que siempre ha sido sometido el territorio por parte de la política centralista de Roma. Al lado, una justicia que lleva un sombrero con las barras y estrellas de EEUU sujeta una balanza muy poco equilibrada.

Ahora bien, el verdadero impulso no llegó hasta el año 1975 de la mano de Francesco del Casino, profesor de educación artística de la Escuela Media Estatal de Orgosolo, autor de la mayoría de los murales. Aquel año se celebraba el trigésimo aniversario de la liberación de Italia de la dictadura nazi-fascista de Mussolini. Para conmemorar este hecho, los alumnos de la escuela -coordinados por del Casino- decidieron ilustrar una serie de manifiestos que se colgaron en los muros del pueblo. Finalmente, los panfletos no trataron sólo sobre el aniversario de la liberación y el final de las luchas partisanas (ejército contra las milicias), sino también sobre el rechazo a un parque nacional que se quería construir sin considerar los inconvenientes sobre la economía rural de la región, la lucha de Pratobello (una movilización pacífica de la población ante la ocupación militar de tierras de alrededor de Orgosolo para realizar prácticas de tiro) y la guerra de Vietnam.

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Mural en commemoración de la lucha de Pratobello y de la guerra de Vietnam.

Pero los papeles colgados en las paredes, aparte de ser un recurso demasiado visto, son demasiado vulnerables tanto al tiempo meteorológico como al cronológico. ¿Cómo podían conseguir que sus proclamas llamaran más la atención y fueran a la vez más duraderas? Así se gestó y lleva a cabo la idea de transformar las paredes monocromas del pueblo en ricos murales.

A partir de ese momento, el pueblo se convirtió en un museo al aire libre gratuito y en continua ampliación. La mayoría de cuadros de esta exposición sin medidas de seguridad para sus obras de arte han sido pintados mediante la técnica del fresco verdadero, es decir, aplicando los pigmentos directamente sobre el muro. Aunque la mayoría de ellos son creación de Francesco del Casino, muchos otros autores han colaborado. Por ejemplo, Pasquale Buesca, con obras de calidad artística elevada, o el grupo de jóvenes Las Abejas, con temáticas inconformistas. El estilo de las pinturas es muy variable y abarca desde el realismo hasta el cómic. Destacan un gran número de murales de del Casino de inspiración picassiana. Incluso algunos turistas han sido contagiados por este virus creativo y han querido dejar su granito de arena. En una de las paredes una pareja vestida con colores muy llamativos y gafas de sol no puede más que exclamar: ¡Oh! Wonderful murales!

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Mural de inspiración picassiana.

Pero son las imágenes comprometidas las que más abundan en Orgosolo. El ámbito geográfico de los mensajes que se quieren transmitir va desde este pequeño pueblo hasta el mundo entero. Son también comunes las representaciones de la vida de la gente local, sobre todo de la dura labor del pastoreo o también de otras actividades como es el caso de la mujer que cose a los pies de una puerta (imagen en la entrada anterior).

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Todos somos clandestinos

Orgosolo: ahí dónde las paredes hablan (I)

Un aire fresco suaviza el ambiente de un mediodía cualquiera de verano. Durante su camino, los rayos del Sol no han encontrado ningún impedimento hasta reflejarse en la transparente superficie de un mar completamente dormido. Las aguas están limpias y toman tonalidades turquesas. No hay que fijarse demasiado para darse cuenta de que un gran número de yates descansan sobre estas plácidas aguas. Si nos acercamos un poco más, veremos quién es que descansa en la cubierta de estas embarcaciones. En uno de ellos está Silvio Berlusconi, preparando una de sus orgías de dinero. En otro encontramos a Flavio Briatore y, en el de más allá, vemos a Alejandro Agag hablando por el móvil. Estamos en el lujoso y exclusivo complejo turístico Costa Esmeralda, en el noreste de Cerdeña.

Si tomamos el coche y nos dirigimos a poco más de 125 kilómetros hacia el sur, la postal cambia de forma drástica. Nos encontramos en el corazón de la Barbagia, la región más montañosa de la isla italiana. Para dotar a esta nueva postal de calidad artística, lo mejor es que nos paremos en un pueblo de nombre Orgosolo. Los más de 160 murales que se pueden contemplar en las paredes exteriores de las casas hacen de la visita a este pueblo de cerca de 5.000 habitantes una experiencia inolvidable. Si hablamos con sus habitantes, es muy posible que no quieran saber nada de la privativa Costa Esmeralda y que sus ideales no coincidan demasiado con los de aquellos que descansaban en los yates. Al menos, esta es la opinión que ha quedado impregnada en la pintura de la mayoría de los murales, de temática claramente reivindicativa.

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Desde la distancia, Orgosolo parece un pueblo como cualquier otro. Pero las paredes de sus casas guardan un secreto…

A Orgosolo se llega por una carretera llena de curvas. Es una buena manera de ir preparando la mente para una sobredosis de arte y conciencia mezclados. Nuestro estado final de mareo nos permitirá acercarnos más al subconsciente, siempre más receptivo que su hermano mayor tan razonable. Si se suele decir que las paredes escuchan, lo que aquí hacen es hablar. Y no hablan por hablar, sino que denuncian las injusticias de Orgosolo, de Cerdeña, de Italia y del mundo. Gritos silenciosos a favor de la libertad y la igualdad; duros abucheos sordos contra el capitalismo y el mal uso del poder por parte de algunos. Súplicas mudas para que las cosas se empiecen a hacer de una manera diferente.

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En Orgosolo, los habitantes de carne y hueso y los de las paredes conviven mezclados.

Precisamente, Cerdeña siempre ha sido blanco de las miradas de varios poderes foráneos interesados sólo en sus propios beneficios. Ya lo dice un proverbio sardo: Furat chie benit dae su mare, o lo que es lo mismo: El que viene del mar está aquí para robar. A lo largo de la historia, esta isla del Mediterráneo ha sido disputada o negociada por fenicios, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, las antiguas repúblicas de Pisa y Génova, catalanes, castellanos, austrias, los duques de Saboya y, por último, ha sido integrada a Italia. Pero los sardos nunca se han mostrado con la cabeza gacha ante estos abusos sino que siempre han sido un dolor de cabeza difícil de superar por el invasor. En el Alguer, por ejemplo, el reino catalano-aragonés decidió expulsar toda la población hacia el interior para poder respirar tranquilos.

La orografía más accidentada de la isla se presenta en la Barbagia. Esto ha facilitado que ésta haya sido tradicionalmente la región que más ha resistido ante los diferentes imperialismos. No es casualidad que fuera bautizada así por los romanos, utilizando la misma raíz que la palabra bárbaro, que entonces se aplicaba a todo aquel que no se sometía a su imperio. La accidentalidad del territorio también ha facilitado el aislamiento de su gente y, por tanto, ha mantenido de forma más intacta su forma de ser. Hasta hace poco, los códigos de honor de los diferentes clanes familiares seguían muy presentes como forma de justicia. Todavía hoy no es de extrañar el ver pasear por las calles de los pueblos a mujeres mayores vestidas de negro de arriba abajo, con lo que es su traje tradicional. La vida no es fácil en la Barbagia, donde el pastoreo es la principal actividad. Además, durante buena parte del siglo XX los bandoleros paseaban tranquilamente por este territorio lleno de escondrijos naturales.

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Dos mujeres orgolesinas con su vestido tradicional.