Una arma en la boca

Varias veces se ha dicho que el arma más peligrosa del hombre es la palabra. En pleno siglo XXI, después de las bombas nucleares o las armas químicas, quizás sea una afirmación exagerada. Sin embargo, no lo es tanto si nos damos cuenta que la palabra se encuentra en la base de la propagación de los prejuicios, aquellos que terminan provocando que tu y yo pensemos que pensamos diferente, que somos dos unos diferentes de dos mundos que no se tocan, incapacitados de enfocar recíprocamente nuestra empatía.

Desde la primera vez que hablé más de 5 minutos seguidos con un argentino, me convertí en un admirador del ingenio que tienen en el uso de la palabra. Su rapidez a la hora de asignar motes es sorprendente. Basta con ser rubio para ser un Ruso, o moreno para ser un Turco. En la misma línea, cualquier ligero sobrepeso ya lo hace a uno digno de ser un Gordo, aunque desviarse del patrón ideal por abajo tampoco lo salva y lo convierte en un Flaco.

La mayoría de veces, esta ligereza lingüística es simplemente graciosa. Pero no lo es cuando contribuye a perpetuar discriminaciones. Recuerdo que me quedé helado cuando escuché la expresión Negro de alma y me hicieron comprender su significado. Ciertos personajes la utilizan para referirse a aquél que, aún no siendo negro, se comporta como tal. Según sus ideas pre-establecidas, claro. Es decir, que roba, insulta o cualquier otra lindeza. En Argentina, por negro se entiende a cualquier persona lo bastante morena como para parecer descendiente de indígena y, por lo general, habitante de una Villa. Si nos paramos a pensar, la expresión es de una crueldad e injusticia enormes, pues pre-juzga que la delincuencia es algo arraigado genéticamente al color de piel negro, tanto que si quien la comete es un blanco el hecho se convierte en algo fuera de lo normal, que no va con su ADN.

Por suerte, este tipo de personas de lengua viperina son cada vez más mal vistas por la sociedad y quedan más retratadas cuando se sueltan. Pero, la verdad, es algo en lo que todos debemos estar atentos en mayor o menor medida si no queremos perpetuar injusticias. Yo mismo, en este párrafo, he dejado sin posible defensa a las víboras.

Negros de alma, corto documental de Ariel Placencia.