La banca ética (y II)

La primera impresión que uno puede tener al escuchar la expresión “Banca Ética” es la de haberse topado con un ejemplar de oxímoron, ese curioso animal de la familia de las figuras literarias que consiste en unir dos conceptos opuestos en una sola expresión, como los indiscutibles “Inteligencia militar” o “Seguridad nuclear”. Pero resulta que esta aparente contradicción no lo es tanto en realidad.

La banca ética es un subconjunto dentro del más amplio mundo de las finanzas éticas que está formado por diferentes tipos de entidades. Éstas tienen en común que, a la hora de conceder un préstamo o invertir en un proyecto, no es sólo la rentabilidad económica el factor que determina su participación sino que también lo es la rentabilidad social. Es decir, sólo se consideran iniciativas que resulten en un beneficio para las personas o el medio ambiente.

¿Cómo se decide qué es éticamente aceptable y qué no? Estas entidades suelen tener una serie de criterios tanto negativos como positivos que se aplican a los proyectos y a las organizaciones solicitantes. Los criterios negativos indican en qué sectores o comportamientos no se puede colaborar: industria armamentística, explotación laboral, tabacaleras, etc. Los criterios positivos obligan, además, a una cierta orientación que sea beneficiosa para la sociedad: creación de empleo, ayuda a minorías, promoción cultural, etc. En las finanzas éticas es de vital importancia la transparencia, por eso la información sobre el destino de los fondos de la entidad suele ser fácilmente accesible, cosa que contrasta con los oscuros laberintos por los que se mueve la banca convencional.

Si queremos que nuestro dinero piense como nosotros, tenemos varias opciones financieras de las que podemos formar parte. Hablando del Estado Español, la buena noticia es que Triodos Bank nos ofrece todos los servicios necesarios para olvidarnos ya mismo y por completo de la banca convencional (si hablamos de lo realmente necesario, y no por ejemplo de planes de pensiones o similares). En este banco podemos contratar cuentas corrientes, depósitos y una tarjeta de débito con la que podemos sacar dinero sin comisión desde cualquier cajero de la red Servired. Triodos Bank fue fundado hace 31 años en Holanda y llegó a España en 2004. Además de en estos dos países, tiene sucursales en Bélgica, Reino Unido y Alemania. Es impresionante consultar la sección sobre transparencia en su página web, dónde aparecen todos los proyectos financiados. ¿Alguien conoce algo así en otro tipo de bancos?

Existen muchas otras entidades pero nombraré solo tres. La Fundación Fiare, la cual ofrece varios depósitos de ahorro, fue fundada en 2003 y se apoya en la entidad italiana Banca Popolare Etica. También es increíble su apartado de transparencia, que detalla cada euro invertido. En la cooperativa Coop57 se puede depositar un mínimo de 300 euros recuperables con un interés al cabo de un año. Al realizar el depósito se entra a formar parte de la cooperativa como socio, por lo que se adquiere poder de decisión en sus asambleas. Por último, la internacional Oikocredit está centrada en proyectos de ayuda al desarrollo. Aunque de origen religioso, éste es un factor que no se tiene en cuenta a la hora de tomar las decisiones económicas.

Hay muchas más y para todos los gustos. Grandes y pequeñas. Centradas en inversiones para proyectos locales, en microcréditos para el desarrollo, con especial sensibilidad con el medio ambiente… Como no terminaría nunca, acabo de abrir esta página en la Wikipedia con una comparativa sobre las finanzas éticas en España, con la idea que poco a poco se vaya completando. El primer paso es la información, luego debemos desarrollar la convicción para, por fin, accionar un cambio en nuestra vida financiera.

La banca ética (I)

Son las 3 de la madrugada en un oscuro bar de una ciudad sin nombre. Estás sentado en una mesa, solo, con tu bebida preferida en mano. La música suena de fondo y te ayuda a sumergirte en tus pensamientos. De repente, la puerta del bar se abre y aparece un personaje muy, muy bien vestido. Es extraño, sus ojos parecen quedar en la sombra aunque está de pie debajo de los farolillos que cuelgan en la entrada. El tipo se acerca a tu mesa y se sienta en la silla que queda enfrente tuyo. Sin mucho preámbulo, te pregunta si le puedes prestar 3000 euros que necesita para hacer negocios con un vendedor de armas. Promete devolvértelos más adelante con intereses: 3090 euros en total.

Rememorando la famosa serie de libros juveniles “Elige tu propia aventura”, en este momento te toca elegir. ¿Decides prestarle el dinero al trajeado señor? ¿O, por el contrario, prefieres denegarle el trato? Si con conciencia eliges la primera opción, la aventura termina aquí. Has salido victorioso con 90 euros más en el bolsillo. Si, en cambio, tus principios te han hecho elegir la segunda opción, más vale que nos transportemos al mundo real ya que es bastante posible que sin saberlo, o sin quererlo saber, haga tiempo que le estés entregando tu dinero al misterioso personaje del bar.

Por el título de esta entrada seguro que ya has podido imaginar que quién te hace tan lúgubre trato es, de hecho, tu banquero favorito. No se trata de una exageración. Es de sobras conocido que muchos bancos tienen negocios con los inversores del mundo de las armas.

En mi opinión, la forma más sencilla de plantearse el asunto sobre dónde depositar nuestros ahorros es mediante una cuestión de principios. ¿Estás dispuesto a invertir en armas? Si no ayudarías con tu dinero a alguien que, por ejemplo, va a vender bombas de racimo que luego van a ser utilizadas, ¿porqué dárselo a alguien que se lo va a dar por ti?

El caso de los negocios de la banca con la industria armamentística es quizás el más llamativo, pero ni mucho menos es el único. Por poner otros dos ejemplos, la banca también tiene negocios con narcotraficantes y con empresas que pretenden el desplazamiento forzado de población originaria del Amazonas. En un plano más abstracto pero con las mismas implicaciones reales, también vale la pena plantearse si queremos contribuir al descontrol especulativo de turno; a invertir nuestro dinero en sucesivas burbujas que, por ejemplo, hayan hecho que según el presidente de Justícia i Pau, Arcadi Oliveres, en Cataluña haya 100 pisos vacíos por cada persona que duerme en la calle.

Viendo las cosas de esta forma, ¿qué más da la rentabilidad que ofrezca un determinado banco? Si tan sólo les preguntamos que interés nos ofrecen nos convertimos en cómplices del mal funcionamiento de las cosas. Hoy en día, una triste realidad es que el dinero es una de las cosas que más mueven el mundo. Por lo tanto, es cuando decidimos qué hacemos con nuestro dinero cuando realmente estamos accionando un cambio en el mundo, mucho más que cuando depositamos una papeleta de voto cada 4 años.

Por último, me gustaría intentar contrarrestar los tres típicos argumentos que el miedo y la inercia a no cambiar plantean para inhibir el paso a considerar una ética en nuestra vida financiera. El primero es de sencillo placaje: Total, mi dinero es insignificante en comparación al total. ¿Qué es el todo sino la suma de las partes? De lo único que vale la pena ocuparse es de lo que está en las manos de uno mismo.

El segundo argumento: ¿Qué seguridad tengo que esta empresa ética no vaya a quebrar? El comentario encierra una visión muy pesimista de la vida, la de pensar que el único mundo posible es el podrido. Por suerte, la realidad desmiente el mal augurio. ¿Crees que es más seguro confiar en bancos que invierten en castillos de naipes? ¿A qué se dedicaban los bancos que han quebrado durante la crisis económica actual?

Por último: Prefiero no saberlo porqué si tengo que actuar con conciencia me voy a volver loco. No, no te vuelves loco. No quedas de repente aislado de la sociedad por tus ideas incomprendidas. Simplemente decides depositar el dinero en otro lugar y vivir de forma más acorde con tu pensamiento. Porqué hay alternativas, y son unas cuantas, que veremos en la siguiente entrada.