Una arma en la boca

Varias veces se ha dicho que el arma más peligrosa del hombre es la palabra. En pleno siglo XXI, después de las bombas nucleares o las armas químicas, quizás sea una afirmación exagerada. Sin embargo, no lo es tanto si nos damos cuenta que la palabra se encuentra en la base de la propagación de los prejuicios, aquellos que terminan provocando que tu y yo pensemos que pensamos diferente, que somos dos unos diferentes de dos mundos que no se tocan, incapacitados de enfocar recíprocamente nuestra empatía.

Desde la primera vez que hablé más de 5 minutos seguidos con un argentino, me convertí en un admirador del ingenio que tienen en el uso de la palabra. Su rapidez a la hora de asignar motes es sorprendente. Basta con ser rubio para ser un Ruso, o moreno para ser un Turco. En la misma línea, cualquier ligero sobrepeso ya lo hace a uno digno de ser un Gordo, aunque desviarse del patrón ideal por abajo tampoco lo salva y lo convierte en un Flaco.

La mayoría de veces, esta ligereza lingüística es simplemente graciosa. Pero no lo es cuando contribuye a perpetuar discriminaciones. Recuerdo que me quedé helado cuando escuché la expresión Negro de alma y me hicieron comprender su significado. Ciertos personajes la utilizan para referirse a aquél que, aún no siendo negro, se comporta como tal. Según sus ideas pre-establecidas, claro. Es decir, que roba, insulta o cualquier otra lindeza. En Argentina, por negro se entiende a cualquier persona lo bastante morena como para parecer descendiente de indígena y, por lo general, habitante de una Villa. Si nos paramos a pensar, la expresión es de una crueldad e injusticia enormes, pues pre-juzga que la delincuencia es algo arraigado genéticamente al color de piel negro, tanto que si quien la comete es un blanco el hecho se convierte en algo fuera de lo normal, que no va con su ADN.

Por suerte, este tipo de personas de lengua viperina son cada vez más mal vistas por la sociedad y quedan más retratadas cuando se sueltan. Pero, la verdad, es algo en lo que todos debemos estar atentos en mayor o menor medida si no queremos perpetuar injusticias. Yo mismo, en este párrafo, he dejado sin posible defensa a las víboras.

Negros de alma, corto documental de Ariel Placencia.

La hierba mate (I)

En el año 2006, tuve la suerte de recorrer parte de Sudamérica con el gran viajero y mejor hermano Jordi Busqué. Aunque ya habíamos salido de casa antes, de alguna forma aquél fue nuestro viaje iniciático. Empujados por la urgencia de vivir la vida antes de que termine y con el romanticismo que produce ver por primera vez Diarios de Motocicleta, nos pusimos en marcha cuan Ernesto Guevara y Alberto Granado. Sin disponer de La Poderosa (la motocicleta de los diarios) pero también con bajo presupuesto, viajamos por gran parte de Argentina haciendo dedo (autoestop). Algo menos dados al arte de la conversación que el amigo Alberto, y frente a los campeones mundiales de esta modalidad -los argentinos- escuchábamos atentamente las historias que nos contaban nuestros amables compañeros de viaje.

No pasaba demasiado tiempo desde que nos levantaban (nos permitían subir al auto) hasta que quien ocupase el asiento del copiloto nos invitaba a tomar mate, la bebida oficial argentina, consistente en una infusión de hojas secas y troceadas de Ilex paraguariensis. Nosotros, agarrábamos la calabaza (el recipiente donde se sirve, también conocido simplemente como mate) y, con miedo a abusar, lo compartíamos como buenos hermanos. Como si se tratara de un zumo en tetra brik, con la mano sujetábamos la bombilla (la larga caña por donde se sorbe, la cual dispone de un filtro en el extremo para que no se cuelen las hierbas) y bebíamos hasta que lo terminábamos. Agradecidos por la generosidad de nuestros anfitriones de vehículo, devolvíamos entonces el mate con un sincero y sonoro: ¡Gracias!

El mate, ilustración por Anna Llopis

¡Vaya par de herejes del ritual casi sagrado del matear! Como más tarde nos pudimos enterar, cuando a uno le llega el mate no tiene que compartirlo. Al contrario, debe beberlo todo y devolvérlo al cebador (la persona que lo prepara y sirve), el cual lo vuelve a llenar de agua caliente y lo pasa al siguiente de la ronda. Jamás hay que tocar la bombilla, sinó sorber sujetando tan sólo la calabaza y, a la hora de devolverlo, no hay que decir Gracias salvo al final, cuando ya se ha tomado suficiente y uno no quiere ser tomado en cuenta para la siguiente ronda. Así pues, no sé que impresión se llevarían nuestros compañeros de viaje.

En la actualidad, el mate se toma principalmente en Argentina, Uruguay, Paraguay, Patagonia chilena, sur de Brasil, Chaco boliviano y… ¡Siria!, dónde lo introdujeron emigrantes de ese país cuando regresaron de Argentina en la década de 1930. El ritual gregario del mate une transversalmente a personas de todas clases sociales, aunque tiene sus peculiaridades en función de cada lugar. Por ejemplo, en Paraguay se toma mucho la variante fría, el tereré, y en Siria se toma también en grupo pero cada uno con su propio recipiente. Se dice que los uruguayos son sus consumidores más fanáticos, aunque Argentina consume unas 200.000 toneladas al año (unos 100 litros por habitante). Existe la variante amarga (conocida también como cimarrón, palabra que también designa a un animal asilvestrado) y la endulzada, pero algunos consideran esta última una herejía.

Jóvenes mateadores del Paraguay. Todos los derecehos reservados ©Jordi Busqué.

Según nos contaron, hay quien incluso moja el chupete de los bebés con la infusión para ir acostumbrándolos a su orgulloso futuro mateador. También es conocido como la bebida del estudiante, pues su contenido en cafeína la hace una compañera ideal para las largas noches previas a los exámenes. Pero el mate es sobretodo una bebida social. Por eso, la mayor ofensa que se le puede hacer a alguien es saltárselo en una ronda de mate. O acercarle el mate con la bombilla hacia atrás, pa’ que no volvás. Tampoco es un gran privilegio recibir el mate de la primera cebada, el cual se conoce como mate sonso (tonto) debido a que aún es demasiado amargo.

El día de la Pachamama (y III)

El sol aún está bajo cuando llegan al lugar de dónde sale el agua del arroyo. El padre deja en el suelo el plato con la coa humeante y clava un machete en la tierra. En el mismo punto de cada año, marcado por alguna referencia natural, empiezan lo que a ojos de cualquier profano sería cavar un agujero. En realidad, se está abriendo la boca de la Pachamama.

-¡Miren! -exclama la madre- se terminó todo lo que le dimos el año pasado. Sólo se dejó los huesos.

Hay que tener cuidado con que los perros no se coman lo que es para la Pachamama. Ilustración por Anna Llopis.

Muy poca gente fuma en las comunidades indígenas de la Quebrada de Humahuaca, es un lujo demasiado caro, pero también hay que contentar los vicios de la Madre Tierra. Cada uno de los presentes prende un cigarrillo y lo clava, con el extremo encendido hacia arriba, en la tierra que quedó acumulada al abrir la boca. Alrededor de ella, se decora con unas serpentinas.

Compungidos por el frío, los participantes van pasando de dos en dos arrodillándose frente a la boca, con el rostro encarado hacia el sol naciente. Es en esa posición como realizan las ofrendas. Hay que quitarse el gorro y tocar un par de veces con las dos manos el perímetro de la boca, primero sin cruzar y luego cruzando los brazos.

-Con el permiso de todos -dice la pareja.

-Que sea buena hora -responde el resto.

Algunos dicen unas palabras en honor a la Pacha y otros también en honor a Dios. El sincretismo religioso es muy grande debido a la forzosa cristianización de hace siglos. Entonces, empiezan a llenar el estómago de la Madre Tierra. Un poco de sopa, algo de la bandeja de comida… Hay que tener en cuenta que quede para las otras parejas. Vasos de agua, gaseosa, licor, chicha de maní… Las bebidas las irán preparando los que en ese momento no están realizando la ofrenda, alcanzándolas a la pareja arrodillada. Por último, se ofrecen unas hojas de coca -la hoja sagrada- y unos confetis para decorar, los cuales también se dejan caer sobre las cabezas de ofrendantes.

De dos en dos, los participantes van llenando la boca de la Pachamama.

Los últimos en pasar terminan toda la sopa y la comida. Tampoco debe sobrar nada de la bebida. O bien se bebe o se deja caer al suelo como ofrenda. La pareja que abrió la boca la vuelve a cerrar arrastrando hacia dentro los cigarrillos. Dejan clavada boca-abajo una botella de cristal -en ese momento la Madre Tierra parece una auténtica beoda- y se dejan caer más confetis y serpentinas.

Una vez la ceremonia ya ha sido repetida en los tres lugares especiales elegidos, la familia invita a un gran almuerzo a quien desee compartir con ellos. Se sirven los mismos platos que antes se le dieron a la Pachamama. Es el momento de romper la solemnidad y volver a lo mundano: risas, gritos y más ajetreo. Esa noche, la familia tendrá fácil el conciliar el sueño.

El día de la Pachamama (II)

Son poco más de las seis de la mañana y ya está todo listo. El intenso frío incluso lo es más por el recuerdo de los inusuales 20 grados bajo cero de hace apenas una semana, cuando las cañerías se helaron y hubo que ir arriba y abajo con cubos llenos de agua de la acequia. La familia, los padres y los tres hijos -de 4, 13 y 17 años de edad- han salido de casa para empezar la celebración. Tan sólo falta Lucia*, la hija mayor, que no pudo venir porqué ahora vive en Salta donde estudia en la Universidad. Van todos tan tapados que apenas dejan ver sus ojos.

Aún no han iniciado las ofrendas pero ya están cansados. Sobretodo los padres, quienes no deben pegar ojo la noche anterior al día de la Pachamama. De todas formas no queda mucho tiempo para dormir esa noche, pues hay mucho que cocinarle a la Pacha para que esté bien contenta. Tamales, mote, la chicha etc. También parte de la carne de las dos cabras que fueron sacrificadas hace pocos días, las cuales serán alimento de la familia durante casi todo un año.

La noche ha sido larga cocinando las ofrendas para la Pachamama. Ilustración por Anna Llopis.

Como cada 1 de agosto, repetirán la ceremonia en tres lugares significativos. La primera de ellas tendrá lugar ahí donde nace el agua que llega a la acequia, la cual les da de beber y riega sus campos de conreo. Luego, se hará en el corral donde ya están encerrados los toros que han alquilado para la inminente siembra. Por último, se repetirá en el patio de la casa, el lugar donde viven juntos. Después de realizar las ofrendas en cada lugar, regresaran a casa para buscar más comida y bebida, pues no se debe escatimar para la Pacha y cada vez se termina todo lo que se le lleva.

Por fin se ponen en marcha. Las aguas nacen 1 kilómetro más allá, siguiendo el arroyo que en esta época está casi seco. Hay que salir en fila de uno. El primero, el padre, lleva un plato de metal sujeto por una asa en el cual se quema coa, un yuyo o arbusto de la zona. Atrás van los platos de comida y por último las bebidas. Las normas dicen que una vez se sale ya no se puede regresar pero Máximo, el hijo mayor, parece que se olvidó algo y regresa corriendo sobre sus pasos. Sus padres prefieren no mirar atrás y seguir adelante, ya se sabe que no vale la pena discutir con la juventud.

La familia se dirige hacia el primer lugar elegido para la celebración.

*Los nombres son ficticios y las edades aproximadas por privacidad.

El día de la Pachamama (I)

En las regiones andinas que un día formaron parte del Imperio Inca, es decir, desde Ecuador al norte de Chile y noroeste de Argentina, la madre naturaleza es conocida con el nombre de Pachamama.

Pachamama es una palabra hermosa. Su significado y etimología nos recuerdan que todos formamos parte del mismo lugar y que todos procedemos de lo mismo. En quechua y aymara, Pacha significa Tierra en un sentido amplio que incluye Mundo y Naturaleza. Es el entorno que nos rodea y nos da sustento para la vida. Mama significa madre, como en casi todas las lenguas del mundo, ya que esas son las sílabas más fáciles de pronunciar para cualquier humano que esté aprendiendo a hablar mientras que cualquier madre del mundo está dispuesta a creer que es a ella a quien van dirigidas.

En estos lugares de los Andes, es de suma importancia rendir el culto que se merece a la Pacha. Ella tiene el poder de decidir que un año sea bueno o malo en cosechas y que vaya bien o no con los animales, por lo tanto, de que un año los miembros de una familia puedan llenar sus estómagos o no. Por eso, se la tiene presente cada día pero especialmente en el mes de la siembra, cuando se celebra un día en su homenaje.

Durante el mes de la siembra la Pachamama está más presente que nunca.

Cada casa, cada familia tiene una forma algo distinta de celebrar el día de la Pachamama. Cuando llegó el conquistador español, éste prohibió cualquier forma de manifestación religiosa o espiritual que no fuera la cristiana. Sin embargo, la importancia que se le otorga a la mamita Tierra es tal que su día se siguió celebrando de la forma en que se pudo. A escondidas, debido al miedo a las represalias de los españoles, cada hogar se adaptó como mejor supo. Algunos pasaron a cocinar las ofrendas de comida a la noche, con el propósito que el humo saliendo por la chimenea no se convirtiera en delator. Otros prefirieron cocinar poco y realizar toda la ceremonia de puertas para dentro. Estos cambios, forzosos en un principio, poco a poco fueron convirtiéndose en la tradición, pasando de tatarabuelos a bisabuelos hasta que en la actualidad se han convertido en el ritual “normal” del festejo para cada casa.

En la siguiente entrada, tendremos la suerte de asistir a una de estas celebraciones. Concretamente a la que realiza una familia de una comunidad indígena que reside en la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, dónde el día de la Pachamama es el primero de Agosto. Como hemos visto, ésta contendrá elementos comunes con otras celebraciones del día de la Pacha pero también particularidades concretas de la familia.

Paisaje de la Quebrada de Humahuaca, dónde en la próxima entrada asistiremos a la celebración del día de la Pachamama.