Mucho chino en China (o el misterio del autobús en forma de tren) (II)

Después de una práctica avanzada en mímica, logramos abandonar la estación con los dos billetes para Guilin en nuestras manos. Eso sí, la fecha era para la noche del día siguiente, al no quedar lugar para la que se acercaba. Por lo tanto, con la oscuridad amenazando miedo, tuvimos que buscar alojamiento en el tercer monstruo más grande de China. Costó lo suyo pero conseguimos dormir en un buen lugar. Además, la mañana siguiente nos regaló la otra personalidad de la típica y marcadísima bipolaridad de las ciudades chinas. En el caso de Guǎngzhōu, nos perdimos por las callejuelas de su increíble mercado, donde se venden mil productos y alimentos de aroma oriental. El día anterior nos había parecido imposible encontrar algo así en una ciudad de tan mala primera impresión, así que el descubrimiento nos dejó un gran sabor de boca.

El mercado de Qinping en Guǎngzhōu.

A la tarde, nos dirigimos otra vez a la estación de autobuses con mucho tiempo de antelación, conscientes que, siendo extraños en China, cualquier cosa podía pasar. Por el momento, todo iba sobre raíles. Comparando los símbolos del billete con los de las pantallas, supimos en que puerta estaba previsto que saliera nuestro autobús. Cuanto más se acercaba la hora de salida, más y más gente se iba apelotonando en la misma puerta. Demasiada para un autobús, creíamos. Por lo menos había 1000 personas. Pensamos que, como en China todo funciona a lo grande, eran capaces de tener previsto que 25 autobuses salieran a la vez para hacer el mismo recorrido.

De repente, se abrieron las compuertas y nos vimos arrollados por una fortísima corriente de gente que empujaba de forma semejante a cuando en España regalan algo. Era extraño, tanta gente en autobús… Pero no había mucho tiempo para pensar. Finalmente, el río llegó a su desembocadura y es una pena que no haya fotografías para demostrar la cara que se nos quedó cuando vimos que habíamos ido a parar a los andenes de una vía de tren.

Más o menos, la avalancha en la estación fue una cosa así.

El día del juicio final, si cuando llegue tengo dinero para pagar sus tasas, no me cansaré en defender que no fuimos tontos al equivocarnos en comprar un billete de tren en lugar de uno de bus. Declararé que no pecamos de inocentes, ni de inexpertos o ingenuos. Hacerse entender en China es una odisea y nada hacía pensar que nos hubiéramos equivocado de aquella forma. Sin embargo, como veremos en el capítulo final, la próxima semana, en ese momento tampoco sabíamos que, en realidad, más que en un tren acabábamos de entrar en el pasillo de los horrores.

    2 comentarios en “Mucho chino en China (o el misterio del autobús en forma de tren) (II)

    1. Acostuma a ser millor viatjar en tren que en autobús :-) Estaré pendent a la tercera entrada. Per cert,m’agrada poder llegir una història tan viatgera per capítols, resulta molt atractiu.

    2. Gràcies, Jaume! La tercera part ja està disponible :) Sí, acostuma a ser millor el tren que el bus, estic totalment d’acord. Però a la Xina no és així, com a mínim per viatges de moltes hores i sense llitera. Un altre cop vam agafar un tren llitera de 24 hores, i no va ser tan dolent. Podíem anar estirats i no hi havia fum.

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